Las manos de Valeria son fuertes y hábiles, queda claro desde las primeras escenas de la película Huesera, cuando el personaje interpretado por Natalia Solián construye en su taller la que será la cuna de su bebé. Pero conforme avanza su embarazo, eso cambia.
Valeria ahora se retuerce los dedos de manera obsesiva como respuesta a la persecución que siente de una criatura que nadie más ve, semejante a una araña compuesta por muchos cuerpos humanos de extremidades rotas.
Si la cineasta Michelle Garza Cervera diseñó así Huesera, ópera prima de la mexicana que viene de recorrer numerosos festivales de cine, incluido el de Mar del Plata, viene a sumarse a esa lista con rasgos genéricos y otros bien distintivos. Es que la historia de Valeria (la debutante en el cine Natalia Solien), una treintañera que acaba de confirmar la gravidez junto a su pareja Raúl, ofrece un retrato dramático de los miedos más profundos de cualquier futura mamá, aunque recostados sobre una fina capa de procedimientos típicos del cine de horror y aledaños. No es casual que a una escena que transcurre durante una reunión familiar durante el día de la madre (¡de todos los días posibles!), ocasión para recordar jocosamente cómo a una joven Valeria un bebé ajeno se le cayó por las escaleras, le sigue una secuencia nocturna marcada por aires de pesadilla.
«Hay una construcción social bastante terrorífica al respecto de no seguir los caminos tan marcados de la familia clásica, nuclear y la domesticidad. Para las que no seguimos esos rumbos o estamos dudando si los queremos, está la amenaza social de que vas a morir solitaria y deprimida», resaltó la directora en entrevista.
«Gracias a movimientos como el feminismo vamos logrando cuestionarnos si los queremos o los tomamos por miedo, eso es algo que tenía en mi vida personal. Huesera tiene que ver con construir un personaje que empieza a cuestionarse su vida entera, aunque sea una que no tendría que ser tan terrorífica».
La película , aclamada por la crítica y premiada en los festivales de Sitges, Tribeca y Morelia, Valeria comienza segura de sus deseos de ser madre junto a su esposo Raúl (Alfonso Dosal).
Todo cambia cuando una noche ve a un vecino saltar de su balcón y los restos, ensangrentados sobre el pavimento, se arrastran por el suelo para perseguirla, lo que la lleva a refugiarse en personas que dejó en el pasado.
«Valeria habla de una mujer que está en su centro, se ve en el control de su cuerpo, y poco a poco esa ansiedad que no está atendiendo de las cosas que no quiere ver de su propia vida y los cambios que está viviendo, la llevan a perder ese control.
«La entidad parte de esa ansiedad que tiene el personaje, se va manifestando en su vida que poco a poco llega a partirle el cuerpo por completo», explicó la directora.
El diseño de su criatura se basó tanto en el mito fronterizo de la huesera, sobre una mujer que arma un esqueleto y le da vida para dejarlo correr por el desierto, como en la escultura «Maman», de Caroline Bourgeois, una araña gigante con la que la artista representó la maternidad.
Garza Cervera contó que tras las proyecciones de Huesera se le han acercado muchas mujeres que compartían sus reflexiones sobre la presión por tener hijos y ser buenas mujeres, algo que para ella confirma que el cine de terror permite conversaciones profundas.
«Aquí hay una entidad que parece externa, pero que al final de cuentas funciona y atraviesa la vida de una mujer. Todo sí partió de lo más personal, luego lo empecé a ver y veo que habita en todas las casas.
«Ante personajes como Valeria, a veces las familias deciden negarles la existencia, no hablar de ellas, no contar sus historias. En el caso de mi hogar, me parece que hizo mucho daño que estas historias no se contaran. El simple hecho de ponerlas en la luz va a cambiar las cosas», opinó.